Sergio Dima: réquiem para un detective salvaje del periodismo

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Cosecha Roja.- A las trece en punto, ni un minuto más, la sala quedó vacía. Dos empleados de traje acomodaron la mortaja sobre su rostro, taparon el cajón y lo giraron para llevarlo hasta el coche fúnebre. Lo hicieron con eficiencia burocrática, con economía de movimientos. Quienes presenciaron esa última escena eran periodistas. Ya habían visto eso muchas veces: uno de los pilares del oficio es moverse con soltura en velorios, entierros y escenas del crimen. Pero lo que sintieron entonces, en presencia de esos movimientos calculados, no fue solo tristeza. Era una especie de desgarro, un no poder mirar ese procedimiento que intentaba igualar esa muerte con todas las demás que habían visto.

Los periodistas que el sábado llegaron a la casa de Sergio Dima tuvieron una sensación parecida. No poder mirar la escena, sentir un desprecio infinito por los empleados de la morguera que manipulaban en cadaver. No hay nada más difícil que despedir a uno de los nuestros…

Crónica

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Un periodista que vivía la profesión durante las 24 horas

Trabajaba en Clarín desde 2005. Había pasado por Zonales y por la web y actualmente era redactor en Policiales.

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